SOMOS





Somos impulsos. Pueden ser buenos o malos, producir violencia o felicidad. 


Así es la vida, un viaje lleno de impulsos, nostalgias y aventuras. 


Un impulso incontrolado puede llevarte a situaciones drásticas irreparables.
Si no controlas tus impulsos, puede que cometas alguna acción indeseada y ten fe de ello, que te arrepentirte después cuando ya no haya solución. 


Las personas nos contagiamos de la euforia y el entusiasmo generalizado por masas multitudinarias. Un partido de fútbol,  una manifestación, un concierto o cualquier otro acto que reúna multitud de personas.


La mente se activa con estímulos producidos por situaciones que nos aportan alegría, malestar, felicidad o enfado. Esos estímulos en el momento de producirse, pueden desatar ira, pasión, entusiasmo, rabia, amor o dolor.






Las personas debemos saber, entender y tener presente, que cualquier acción tomada por un impulso, el resultado puede ser el no deseado y la situación puede que se agrave, todavía más. 

Los impulsos pueden ser buenos en momentos de tomar alguna decisión premeditada. 
Te pueden abrir puertas en el amor o en el ámbito profesional. 


Pero también podemos tomar de un impulso una decisión que luego nos podamos arrepentir, ya sea comprar algo por capricho, decir algo en el momento inadecuado, criticar sin saber, o simplemente actuar cuando es mejor no hacer nada.


Es muy complicado acertar o tomar una decisión correcta en el momento adecuado cuando el impulso ya está expresado. Antes debemos premeditar, valorar y saber escuchar. 


Los impulsos la mayoría de las veces van sujetos a las emociones, según tu estado emocional, tu impulso actuará de una manera u otra.

Para poder controlar los impulsos, debemos ponernos en la situación adversa, en la piel de la otra persona. No debemos juzgar a nadie, ni mucho menos criticar.


Cada persona es un mundo y el mundo está lleno de personas, no pretendamos ser todas iguales. Somos, como somos, debemos aceptarnos tal y como somos, debemos trabajar y preocuparnos por hacer el bien, ayudarnos mutuamente y hacer de este mundo un paraíso para toda la eternidad. 


El problema de la sociedad hoy en día, es que estamos más pendientes de lo que hace el de al lado, que de preocuparnos de si estamos haciendo las cosas bien para no perjudicar a los demás.  

Si todos, si cada uno de nosotros fuera sincero y legal, la mayoría de los problemas se podrían evitar, no habría hambre, guerras, ni clases de personas que discriminar. 






Si todas las personas tuvieran la misma oportunidad, sin excepciones de ideologías, razas, sexo o cultura, todo cambiaría en esta vida llena de egoísmo, envidas, celos, traiciones y ladrones.  

Los impulsos son el motor de las malas decisiones, el propulsor de acertar en otras situaciones y el problema de una sociedad ciega ante la realidad. 


Un saludo. 


   

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