PERSONAL TRAINER


PERSONAL TRAINER    ENTRENADOR PERSONAL 






Según la definición de la National Strength and Conditioning Association (NSCA).
Un Personal Trainer o Entrenador Personal es un profesional de la salud que utiliza una evaluación y entrevista individualizada para obtener, motivar, educar y desarrollar un programa de ejercicio seguro, efectivo y que se adapte a la necesidad y meta del cliente.

Además, va a determinar si el cliente debe ser derivado a otro profesional de la salud (terapeuta, nutricionista, etc..), según los factores de riesgo presentes en cada caso.

Las funciones que tiene un entrenador personal son muy amplias y variadas, pero se puede resumir en las siguientes:

  • Evaluar la salud del cliente
  • Enseñarle o educarle
  • Entrenar de forma segura y eficaz para los objetivos propuestos
  • Motivar para lograr buen rendimiento, objetivos del cliente y seguimiento del programa
  • Derivar al cliente a un especialista de la salud cuando sea necesario (médico, fisíoterapeuta, nutricionista, etc...).
Así tanto de la definición como las funciones, se desprende que la entrevista personal con el cliente es esencial para comenzar su trabajo. Gracias a ella determinarán los objetivos y deseos del cliente y su estado de salud para crearle un programa específico y personalizado.


En definitiva los pasos a seguir son los siguientes:

  1. Programar la cita para la entrevista
  2. Realizar la entrevista
  3. Rellenar la documentación de evaluación de la salud
  4. Evaluar los factores de riesgo, las enfermedades diagnosticadas y el estilo de vida
  5. Evaluar e interpretar los resultados
  6. Derivar al cliente a un profesional sanitario cuando sea necesario
  7. Programar las recomendaciones
Los aspectos esenciales analizados para la práctica deportiva son conocer los factores de riesgo que puedan afectar a un cliente y sobre todo su estilo de vida, el cual va a marcar de forma determinante cómo se va a seguir a la hora de configurar un entrenamiento. 

Pero sin duda, el elemento más importante a la hora de realizar esta evaluación es el poder disponer de la capacidad y los medios para identificar y localizar posibles patologías que puedan afectar al cliente, y, si fuera necesario derivarlo a un profesional médico. 

Como medios para esta evaluación se han estudiado el PAR-Q y otros cuestionarios de gran importancia a la hora de identificar estos factores, no solo desde el punto de vista físico (Cuestionario de la salud), sino también desde el punto de vista psicológico (Evaluación de la actitud). 



Existen determinados grupos de la población que, por sus características, precisan de ciertas modificaciones y cambios en su entrenamiento, de modo que puedan aprovechar y sacar el máximo rendimiento a la vez que se minimiza el riesgo de sufrir algún tipo de lesión.






El caso de las mujeres embarazadas, como paso previo al inicio de cualquier programa de entrenamiento deben consultar a un médico. Ante cualquier complicación, se hará necesario alterar dicho programa según determine el especialista que esté realizando el seguimiento del embarazo.

En la práctica del ejercicio durante el embarazo, si el diseño del programa de entrenamiento se realiza correctamente, el riesgo de que el feto pueda sufrir problemas es realmente bajo en embarazos sin ningún tipo de complicación.

Con independencia de que el programa de entrenamiento para una embarazada deba ser muy completo, el entrenador personal habrá de hacer hincapié en el trabajo abdominal y del suelo pélvico, pues se trata de músculos que preparan a la mujer para el parto, mejorando sus capacidades de contracción y relajación llegando al momento. 






Por otra parte, las personas mayores (tercera edad), deben comenzar las sesiones de entrenamiento con trabajo aeróbico; a continuación realizarán trabajo de tonificación, acabando con estiramientos estáticos.

El trabajo de tonificación ayuda a prevenir el proceso degenerativo del músculo que sufren las personas mayores, manteniendo el tejido muscular que permite la actividad física y mejorando la utilización de energía. 






En cuanto al entrenamiento de preadolescentes, las pautas de entrenamiento no deben imponerse a los niños; los infantes no requieren de un patrón regular a la hora de realizar ejercicio, ya que en su día a día se ejercitan "por impulsos" es decir, realizando ejercicios de leve y alta intensidad en el espacio breve de tiempo, de forma intermitente e irregular. 

A nivel físico, los preadolescentes no "aprecian" (no tienen esa capacidad), las ventajas de los períodos prolongados de entrenamiento. Por lo tanto, la imposición de un patrón de entrenamiento puede traducirse en un efecto más desmotivador que beneficioso para el niño. Lógicamente, a medida que el niño crece, esta tendencia cambia, pudiendo comenzar a plantear un entrenamiento más regular, haciendo uso del trabajo con frecuencia cardíacas, series, etc...






Las personas con sobrepeso pueden obtener resultados satisfactorios aumentando la actividad física y realizando cambios menores en su alimentación. Básicamente deben concentrarse en reducir la ingesta calórica e incrementar la actividad física.

Se recomienda niveles moderados de actividad física, entre 30 y 45 minutos, de tres a cinco días a la semana. No obstante, muchos clientes obesos ni siquiera serán capaces de empezar con un programa de ejercicio de forma moderada, por lo que las primeras actividades de estos clientes han de ser de una intensidad baja e ir progresando poco a poco hasta unos niveles más óptimos de ejercicio.

Al iniciar el programa de entrenamiento el entrenador siempre optará por sesiones de entrenamiento poco intensas pero de mayor duración.






En personas con trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia...), el entrenador, como primera medida, deberá recomendarle acudir al médico, y, si no accede a ello, negarse a proseguir con los entrenamientos.

En cualquier caso, el entrenador, a la hora de diseñar un programa de entrenamiento, para personas que padezcan de alguno de estos trastornos, debe "olvidarse"  de la pérdida de peso y centrarse en un ejercicio con poca demanda energética. 

El trabajo de tonificación es bueno, pero si el cliente todavía no consume las calorías suficientes, estaría contraindicado. 







En clientes hipertensos, son ejercicios contradictorios, fundamentalmente, cualesquiera que aumenten la presión intratorácica y por tanto, reduzcan el retorno sanguíneo al corazón.

Es por lo tanto, muy importante en el entrenamiento con estos clientes que el entrenador personal controle la respiración, haciendo hincapié en la importancia que la misma tiene para un entrenamiento seguro. No obstante, se puede realizar un entrenamiento casi con total normalidad, utilizando peso libre, máquinas de peso o hidráulicas, bandas elásticas, realizando ejercicios cardiovasculares (trotar, caminar, nadar...), con peso corporal, circuitos, etc... 







En personas que hayan padecido un infarto de miocardio las sesiones de entrenamiento se realizarán entre tres y cuatro veces por semana, con una duración de entre 15 y 40 minutos, y no se establecerá ningún plazo en cuanto a los objetivos, el más importante de ellos es fortalecer el músculo cardíaco.

Las sesiones de tonificación comenzarán con un trabajo de unas tres series por ejercicio y 20 repeticiones por serie, realizando de dos a tres días por semana, sin que el cliente realice, en ningún momento, la maniobra de Valsalva








En cuanto a las pautas del ejercicio para personas con ACV, la máquina de remo será la base del entrenamiento aeróbico, debido a que en ocasiones estas personas tiene afectadas sus extremidades. 

Las sesiones durarán entre 5 y 60 minutos, dependiendo de la persona y del nivel de la misma, y se realizarán series de ocho a doce repeticiones, al menos dos o tres días a la semana, de tonificación.

El entrenamiento de la flexibilidad ayudará a mantener la movilidad de las extremidades sanas y a mejorar (en ocasiones), la movilidad de las extremidades afectadas. Los ejercicios de movilidad se deben practicar antes y después de cada sesión de entrenamiento, y al menos durante cinco minutos, incluidos los días de descanso. Los ejercicios de coordinación y equilibrio también son de bastante utilidad.  







Para personas con lesiones medulares, a nivel cardiovascular se recomienda una intensidad entre el 40% y 60% del consumo máximo de oxígeno, con una duración de entre 10 y 20 minutos, y una frecuencia de tres días a la semana (alternos). 

Para el trabajo de tonificación, se comenzará con sesiones de 8 a 12 ejercicios al 40% - 70%, de una repetición máxima (1RM), en dos o tres series de entre 8 y 12 repeticiones, con un descanso entre series de uno a dos minutos. 

Se deberá realizar un mínimo de 30 minutos de ejercicio al día, sin olvidar que es fundamental realizar un buen calentamiento previo. La intensidad debe aumentar de manera progresiva, y la ejecución de los ejercicios será lenta y muy controlada. 


En resumen. 

Si usted quiere conseguir una meta, independientemente de la situación, problema de salud o estado de ánimo, la mejor inversión es contratar un buen Entrenador Personal que evalúe su situación y le haga un programa adaptado a su necesidad. 





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